LA LIBERTAD, UN ACTO DE AMOR

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Santiago Bedoya Berrío

Es muy común escuchar en la actualidad el sentir sobre la necesidad de libertad en medio de la convulsionada sociedad que propicia amplios campos de confort para el hombre en busca de su centro. Este querer del hombre racional, implica no solo un anhelo que parece utópico, sino que involucra un movimiento para encontrar la tan preciada libertad.

Para encontrar la libertad es necesario entonces tener una base en cuanto a qué se busca con este fin, preguntando primero ¿qué busca el hombre? El hombre nunca busca la libertad, pues la libertad es una consecuencia de la verdad, “la verdad os hará libres” (Jn 8, 32B), por tanto, el querer del hombre es hallar la verdad. En la búsqueda de esta verdad, se debe entender entonces la libertad como un don que regala la verdad.

El hombre camina o busca esa verdad porque es consciente de que la necesita, pues esta dará sentido a su vida, por tanto, propiciará la libertad anhelada. Para llegar a la verdad hay que recorrer un camino y este camino lo dispone la misma verdad.

Cuando somos parte de la búsqueda de la verdad, nos movemos en el camino que el fin último otorga, que en otras palabra es una extensión de la meta buscada y por tanto esto da sentido a la vida, porque el hombre en busca de la verdad encuentra su libertad en el camino que regala el sentido a la misma existencia vivida, es cierto entonces el pensar, que el fin último es el Padre y Él nos regaló a Jesús quien es Camino, Verdad y Vida: Camino porque nos lleva al Padre quien es la suprema y única Verdad; Verdad porque bien se ha dicho que el camino es la extensión de la Verdad y por tanto es la Verdad misma; Vida porque el camino hacia el padre da el sentido único a la existencia.

La libertad entonces es un regalo de amor, porque tan fuerte es el amor que la Verdad siente por la humanidad, que quiere que el hombre encuentre sentido pleno a su vida y este sentido lo busca el hombre en su constante movimiento a la Verdad, este fin último no quiere que el hombre no lo conozca, por el contrario, espera que el hombre llegue a Él, seduciéndolo con las normas que Él exige. El hombre libremente decidido a encontrar la Verdad plena, se entrega a la norma como un homenaje al amor recibido.

Se debe decir pues, que el hombre sujeto a su condición humana se entera que las normas no siempre son de su total agrado, pero no se siente esclavo de ellas, pues su fin último es la Verdad, y queriendo llegar a ella acepta y no se somete, es así que la libertad que regala la Verdad es regida por la ley y la aceptación de esta ley está en el hombre, que busca la anhelada Verdad. Cuando el hombre no acepta la ley que la Verdad propicia, es porque en último sentido no quería unirse plenamente a ella, ni quería ser libre, convirtiéndose entonces en esclavo de su propio pensar.

Es por tanto, un acto de amor entender la libertad como un don y no como una imposición a la norma, pues el hombre pensante requiere de esta para vivir con sentido su vida, si la libertad otorgada le permite alejarse de la verdad, es decir, libremente elije no ser libre, el hombre se convierte en esclavo de la falta de verdad y querrá encontrar un fin que le permita la libertad por él buscada, creando el mismo hombre una verdad que para él lo hace libre, pero, si existe solo una Verdad, en realidad este hombre se convirtió en esclavo de sí mismo.

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