Familia, continuación de una promesa de salvación

En medio de tantas luchas y pruebas que hallamos en el día a día, Dios nunca nos abandona. Cuando confiamos plenamente en Él, observamos las dificultades desde otra perspectiva, con otro punto de vista. Basta detenernos un momento y reconocer que Dios nos acompaña siempre, se vale de personas concretas que tienden la mano a ayudar al que lo necesita.

El mundo se enfrenta hace más de un año a una pandemia, cuyas consecuencias han desestabilizado todas las áreas de la sociedad. Esta situación ha corroborado lo vulnerables que somos, sin importar la fuerza económica ni intelectual.

Que buen momento ha elegido el Papa Francisco para dedicar este año a la figura San José, padre fiel que acompañó a Jesús y a su esposa María. Este hombre es digno de exaltar por sus virtudes. Su actuar valeroso como custodio de Jesús antes, durante y después de su nacimiento, garantizó el desarrollo del plan salvífico de Dios por medio de la persona de Jesús.

No somos auto suficientes, por el contrario, reconociendo nuestra fragilidad descubrimos que en nuestro cada día es necesaria la intervención de otras personas que nos aman y con su apoyo nos facilitan la vida, prueba de ello es el papel protagónico que tuvo San José para con su hijo putativo y su esposa.

Jesús, siendo Dios, contó con la mano protectora, con la toma de decisiones haciendo a un lado el temor y con el silencio lleno de amor de su padre José, el cual saliendo avante en tantos momentos límites que arriesgaban sus vidas, fue el fiel custodio de la Sagrada Familia.

Afirmar que amamos resulta fácil y más en la actualidad cuando se ha desvirtuado esta opción de vida y se ha limitado en muchas ocasiones solo a lo sensitivo de besos y caricias. El reto es amar cuando el panorama no es tan esperanzador, cuando hay carencias, se padece persecuciones hasta el punto de estar en riesgo de morir.

San José, padre fiel, es un claro testimonio de elección entre lo fácil y lo correcto. Él no evadió la tarea encomendada de parte de Dios, por el contrario, la asumió con valentía y fue fiel en situaciones que otras personas eligiendo lo fácil, darían un paso al costado. Este padre fiel permaneció junto a Jesús y María, salvaguardando el tesoro tan grande que a él se le había encomendado.

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